Técnicas y
materialesSOBRE EL USO DE ORO EN MI PINTURA |
||
Uno de los motivos por los que se abandonó progresivamente el uso del oro en la pintura durante el Renacimiento italiano, es por que se pretendía que la pintura tuviera valor por sí misma y no por la materia de la que estaba hecha. Importaba que a través de la pintura se pudieran admirar las cualidades del artista y no el peso en oro. Este motivo lo apuntaba Ernst Gombrich en sus famosas Meditaciones sobre un caballo de juguete (publicado allá por el año en que yo nací). Según Gombrich, el artista pretendía dar otro tipo de valor además del valor de hecho. En qué consiste ese valor añadido a una pintura que la convierte en arte y por tanto en algo carísimo, más allá de los materiales de que esta hecha -- y cuanto más baratos sean estos materiales tanto más valor añadido proporcionalmente--, es una cuestión que sigue siendo debatida. Pero a esta distancia de los pintores del Renacimiento, cuando utilizamos este o aquel material o soporte para nuestro trabajo no lo hacemos pensando en el valor material que pueda añadir, si no en el valor pictórico, en la posibilidad que ofrece dicho elemento a la hora de expresar lo que deseamos en una obra. En mi caso, empecé a trabajar con oro después de visitar por primera vez la catedral de Aquisgrán. A pesar de la poca iluminación del interior, o quizás por ello mismo, el oro de los mosaicos resplandecía multiplicando la luz mediante reflejos. Ahora tengo la catedral a mano y puedo disfrutar de dicha maravilla sin medida. No me importa saber quién realizó los mosaicos, estoy segura de que muchas manos anónimas debieron participar y siguen haciéndolo para mantenerlos. Tampoco me importa lo que costó, quienes pusieran los medios estaban pensando en mi y en todos quienes han entrado y seguirán entrando en la catedral y sobrecogiéndose ante la posibilidad de que hayamos sido capaces de hacer algo así. Después de esta experiencia no me fue dificil encontrar cómo aprender a trabajar el oro tal como se hacía en la Edad Media para los retablos. No se si fue suerte, coincidencia o que estaba alerta, el caso es que pude aprender. Pero aprender no era suficiente, quería poder dominar la técnica para poder aplicarla al formato que deseara y también sobre relieves. Además hay varias técnicas para aplicar pan de oro, pero una, la más antigua y dificil, es la que permite sacar todo el brillo que guarda el oro. Esta es la que yo quería y la que estoy utilizando actualmente. Me llevó varios años, pero creo, personalmente, que ha valido la pena. En los retablos medievales, el pan de oro se usaba para dorar los fondos que creaban así un espacio sobrenatural sobre el que habitaba el ser divino representado. Era una prolongación del aura de los santos. El resplandor divino que surguía de los cuerpor gloriosos y que inundaba toda la escena. En mis pinturas no uso el oro como fondo sino que sirve de base para la figura: el cuerpo está pintado sobre el oro. De esta foma, la figura resplandece por sí misma, está iluminada desde el interior. Mis figuras no son necesariamente seres divinos, son seres porque estan ahí en mis pinturas, si son algo más ya no depende de mi, sino de ellos mismos, de lo que lleguen a evocar en el espectador. Si siguieramos el principio de Gombrich, mis pinturas tendrian valor de hecho, lo cual puede restar „valor añadido“. Es un riesgo que asumo. Cuando uso este o aquel material, no lo hago pensando en el precio --eso ya se encarga el banco de recordármelo--, sino en conseguir en mis pinturas lo que quiero expresar, de la forma más cercana posible a la imagen que tengo en mi cabeza. Al final nunca coinciden ambas imágenes, siempre son un casi más o menos lejano, pero al menos lo intento con todos los medios a mi alcance. Rosa Mascarell, Aquisgrán 2005 |
||