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Se
ha dicho a veces, que el artista es un poseído de los dioses.
Esta creencia puede venir del intento de explicar por qué hay
personas que hacen cosas que a otros ni se les pasa por la cabeza.
Creo
que es más bien a la inversa: la imagen que tenemos de los
dioses se la debemos a aquellos que nos han contado, dibujado o
esculpido, el rostro de aquello que no se ve.
Lo
sagrado sobrepasa los límites de la religión. Se
relaciona con lo divino, pero también se refiere a todo
aquello digno de veneración y respeto incondicional en
cualquier esfera, incluida la del arte.
Todo
lo que
es considerado sagrado, despierta pasiones e influye en
la relación con los demás y en la forma de ver el
mundo. Por esto, la relación del artista con lo sagrado es
siempre personal y arriesgada.
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