Se
suele asociar el arte a la creación de nuevos lenguajes, de
nuevos mundos que el artista „ve“ antes de que nazcan. Se evita
hablar de descubrimiento,
porque implica encontrar algo que ya estaba ahí; en cambio el crear
es producir algo desde la nada, como Dios.
Nos
gustaría más poder decir que el arte transforma.
Como dice Gracián, de un páramo puede hacer un
paraíso.
Sin olvidar que una semilla nueva se asienta sobre muchas capas de
tierra trabajada. Ésta, la tierra, es el medio que compartimos
desde antiguo, es el lenguaje que nos permite entendernos.
De
esta manera, el artista sería tanto un visionario del futuro
como un albacea del pasado. Tanto vería el jardín que
puede ser, como los paraísos que han sido, como el páramo
heredado. Como Paul Klee nos dice en las enigmáticas palabras
de su losa sepulcral: "tanto vivo con los muertos como con los
no nacidos, algo más cerca de la creación de lo que es
usual y ni con mucho suficientemente cerca."