A modo de curriculum vitae |
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Mi vida comenzó en un viernes de marzo en la ciudad de Gandía en el año 1963. Desde pequeña me gustaba el canto y el dibujo, el canto no es relevante en este caso, pero el dibujo sí. Todavía guardo memoria del gusto que daba rayar las paredes blancas o repasar los dibujos del papel pintado de la pared del corredor. También me gustaba hacer experimentos de cocina con los colores, por ejemplo comprobar la rapidez de secado sobre diversas superficies. Tengo la enorme suerte de tener una madre paciente, pero exigente a la vez: a los doce años recibí un premio de pintura al óleo en mi ciudad y mi madre decidió que, dado el caso, debía aprender a pintar (bien). Así que el dinero del premio se fue en caballete, maletín, tubos, pinceles y un curso de pintura en una academia. Fui creciendo y a los dieciocho me matriculé en la de Facultad de Bellas Artes de Valencia. Pronto me di cuenta de que no era exactamente lo que buscaba, quería algo más. Renuncié a la matrícula y comencé a estudiar filosofía, me licencié cinco años después en Filosofía y Ciencias de la Educación y seguí en la Autónoma de Madrid con un master en Estética y Teoría de las Artes. Durante los años del master y después estuve trabajando para María Zambrano como su secretaria personal y documentalista. También durante esos años conocí a Eugenio Fernandez Granell y realicé la primera catalogación de sus dibujos, lo que me permitió pasar bastantes horas en su casa y disfrutar de las atenciones de su mujer, Amparo. En esta etapa de vida tuve ocasión de tratar a personas que dejarón profunda huella en mi y a las que siempre estaré agradecida. En el año 92 nació mi primera hija y pco después empezó mi peregrinación europea. Primero viví en Estocolmo, después en Athlone (Irlanda), vuelta a Estocolmo, seis años en total con estancias esporádicas también en Madrid o València, durante los que nació, en el 94 en Suecia, mi segunda hija. En el año 98 nos instalamos, de forma temporal en principio, en Aquisgrán, y aquí seguimos. Durante esta última etapa he aprendido viviendo, trabajando y metiendo las narices allí donde veía algo diferente y digno de aprender, por ejemplo en el arte celta, el escandinavo o en los iconos. Me ha interesado el arte en la edad oscura de Europa, „the dark ages“. Tanto o menos oscura que la época entre las dos guerras mundiales del siglo XX, tiempo de cavilaciones para muchos artistas, tal como nos lo relatan en sus diarios, sus manifiestos y sus obras. Estas dos fuentes, las obras del alta Edad Media y el arte de las vanguardias del siglo XX son las que más me atraen y de alguna puede que este interés se refleje en en mi trabajo. Aunque parezca un paréntesis, no puedo olvidar mi tiempo dedicado a los megaproyectos para el Universal Mobile Telephony System (UMTS) trabajando para Ericsson Eurolab en Alemania. Ademas de aprender a descifrar siglas, gracias a la universalidad de los proyectos, conocí a muy buena gente de muchos paises del mundo desde Australia a Finlandia pasando por Brasil, pero no llegue a contactar con selenitas, por ejemplo, por lo que no puedo decir que mis conexiones cubrieran el universo. Pero a pesar de esta limitación en el alcance de tales proyectos, la sensación positiva de que es posible entenderse y trabajar juntas personas tan diversas fue algo muy enriquecedor. Volviendo a la pintura, durante una de mis exposiciones en Burg Rode (Alemania), una niña de unos cuatro o cinco años me preguntó que por qué pintaba. Entre mi pobre alemán y la sorpresa de una pregunta tan sencilla y lógica, me qudé muda sin saber muy bien qué contestarle. ¿Por qué pinto? Me quedé con la mente en blanco, o mejor, con la mente tan embrollada con posibles respuestas intraducibles a una frase con sentido que me quedé muda. Suerte que el padre vino en mi ayuda y constestó por mi lo que consideraba pertinente: „Weil es ihr Spaß macht“. ¿Realmente me lo paso bien? No siempre, pero muchas veces, sobre todo al comienzo de un trabajo, cuando es pura ilusión. También me siento satisfecha durante el trabajo cuando descubro algo, un algo muy genérico que puede referirse a cosas tan peregrinas como mi resistencia al cansancio y el efecto del café, a una determinada mezcla de pigmentos, al color de la piel en los iconos bizantinos, qué tipo de calzado se usaba en Al-andalus en el siglo X o la opinión de Max Ernst sobre Martín Heidegger. A veces me sorprende ver las personas y las cosas que me rodean de manera distinta al final de un trabajo. De alguna manera se cambia --me gustaría creer que se crece-- y lo que tiene de especial la pintura --y la escritura-- es que se puede compartir ese cambio permitiendo que alguien se encuentre con mis dudas, mis miedos o mis torpezas. Al final, prefiero equivocarme haciendo algo que permanecer en silencio. |